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Cómo han cambiado los colchones en el último siglo

Dice un proverbio irlandés que los dos mejores remedios para cualquier asunto son “una buena risa y un largo sueño”

Y hay un elemento que ha facilitado que la segunda de esas curas sea cada vez más placentera: los colchones. El ser humano ha pasado de dormir incómodo, acostado sobre la dureza del suelo siglos atrás, a hacerlo sobre los placenteros colchones de hoy, que se adaptan a cada cuerpo, proporcionando un descanso duradero. Y la gran evolución para alcanzar ese sosiego se ha producido en estos últimos cien años. Vamos a ver cómo ha sido. 

El nacimiento de los colchones en la Antigüedad surgió como una fórmula de aislarse del frío de las superficies. Pero pronto el ser humano entendió la importancia de que esa herramienta esencial para el descanso resultase cómoda, que permitiera un sueño profundo y reparador. Hierba, paja, plumas de ave o lana fueron dejaron paso con el transcurso de los siglos a nuevos materiales como el algodón, que facilitaban el reposo.

En el año 2015, cerca de mil alcaldes de las principales ciudades del mundo se reunieron en París durante la Conferencia de la ONU sobre el cambio climático. El objetivo era analizar los retos a los que se enfrentan las grandes metrópolis. De aquel encuentro, y a iniciativa de varios de los próceres allí congregados, surgió el compromiso de la adopción de la ciudad de los 15 minutos como una iniciativa capaz de afrontar los retos medioambientales y reducir el impacto negativo sobre el planeta.

Es solo uno de los objetivos que persigue una idea que demanda que los habitantes de las ciudades tengan a menos de un cuarto de hora de su domicilio, andando o en bicicleta, los servicios básicos, comercios donde adquirir aquello que necesiten e, idealmente, sus propios trabajos. El uso de los automóviles particulares se limita a trayectos largos y el diseño de los barrios y la variedad de comercios y servicios que se incluyen en ellos evita desplazarse con asiduidad a emplazamientos situados a largas distancias.

Mejorar el descanso, mejorar la vida de las personas

No obstante, la auténtica revolución en los colchones se ha producido en los último cien años, especialmente en las últimas décadas. A comienzos del siglo XX aún continuaban siendo rudimentarios. Su comodidad era relativa y, sobre todo, su durabilidad era escasa. Los rellenos se compactaban y deformaban habitualmente y dificultaban el descanso. Pero la tecnología vino a solventar un desafío y, en definitiva, a mejorar la vida de millones de personas en todo el mundo.

Fue en el periodo de entreguerras, en la década de los años 30, cuando los colchones de muelles internos comenzaron a revolucionar la industria del descanso. También la aparición de nuevos materiales facilitó la transformación. La mezcla de muelles metálicos y materiales acolchados en el interior mejoraban notablemente la comodidad y el soporte de los usuarios.

Poco después, durante la Segunda Guerra Mundial se produjo un hallazgo esencial que una vez finalizado el conflicto llegó a las camas de los ciudadanos: la espuma de látex. Nacía una alternativa que se adaptaba mucho mejor al cuerpo humano y mejoraba el reposo, además de una mucha mayor durabilidad.

Una década más tarde las investigaciones de la mismísima NASA dieron con un material que mejoraba aún más estas características: la espuma viscoelástica. Este material permite distribuir de forma más equitativa el peso del cuerpo humano y se moldea al mismo con suma naturalidad. En apenas 30 años, el descanso de los ciudadanos había mejorado cualitativamente de manera muy significativa.

La década de los 80 vio llegar a los hogares colchones de aire ajustables, que permitían a las personas controlar la firmeza de su superficie de descanso tan solo presionando un botón. La innovación estaba concebida en sus inicios para los hospitales, pero pronto se entendió su utilidad entre cualquier tipo de usuarios.

A nadie se le escapa que la revolución tecnológica del siglo XXI ha sido más vertiginosa y transformadora que nunca en la Historia. Y, por supuesto, los colchones también han formado parte activa de estos cambios. Los colchones ajustables, la espuma de látex o materiales termorreguladores como el gel, que permiten mantener una temperatura adecuada, contribuyen a mejorar la calidad del sueño de una forma nunca antes conocida.

Más allá de los materiales: la marca blanca y el comercio de proximidad

Está claro que la evolución de los materiales ha mejorado significativamente el descanso de las personas. Dormir bien es esencial para mantener la salud, reponer energías y alcanzar los niveles de actividad física e intelectual que demanda el día a día. Sin embargo, quedarnos en la actualidad solo con la evolución de los componentes sería no responder a las nuevas necesidades que han surgido para los ciudadanos en la actualidad.

En una sociedad que vive inmersa en un ritmo vertiginoso, en el que el tiempo es un valor diferencial de calidad de vida, verse en la obligación de desplazarse a kilómetros de distancia para adquirir un producto tan necesario como un colchón puede suponer una contrariedad. Por eso, la aparición de tiendas de proximidad, como Factory Colchón, ubicadas en calles principales de los barrios de las ciudades, supone también una revolución. Porque comprar un colchón puede ser hoy también una experiencia cercana y gratificante y las tiendas que los venden, contribuir a hacer comunidad.

Y no podemos olvidar otra revolución reciente en el mundo de los colchones: la marca blanca. En un contexto económico complejo, los consumidores buscan reducir gastos y también es posible conseguirlo en el sector del descanso. En los colchones, la marca blanca permite reducir los gastos hasta en un 40%, cumpliendo o superando los estándares de calidad del mercado tradicional.

Hoy en día la suma de innovación, proximidad, precio y calidad supone la combinación clave, una transformación cualitativa en el sector del descanso que permite que las personas disfrutemos de un sueño reparador con unas condiciones nunca antes vistas.

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